El paraíso es una isla, por lo tanto es el infierno (2)

El pasado día 22, sin ir más lejos, nos enteramos de que una isla, que venía apareciendo en publicaciones científicas desde el 2000, no existe. Así de claro lo dice el equipo de la Universidad de Sydney que estaba realizando investigaciones geológicas en la zona. Se trata de Sandy, en el Mar del Coral, entre Australia y Nueva Caledonia. Allí donde debía estar, las cartas de navegación indicaban una profundidad de 1.400 metros, error que se fue propagando a partir de un banco de datos usado en muchos mapas, según la directora de la expedición, la geóloga María Seton. O sea que la historia se repite, como en siglos pasados cuando los cartógrafos iban copiando los mapas ya existentes, sin comprobar su veracidad.

La Wikipedia la ha incorporado recientemente dentro del apartado de “islas fantasma”, lo cual le da un reconfortante toque más esotérico y romántico. Al parecer, está ya dibujada en algunos mapas una “Sandy Island” desde 1776, en base al viaje realizado por el capitán Cook dos años antes. También está en los mapas franceses desde 1826 y uno de 1875 la llama “Ile de Sable(s)”. El museo de Auckland la encontró en un mapa del Almirantazgo británico de 1908, con una nota que atribuye su cartografiado a un navío en 1876. No obstante, no la recogen ni los documentos actuales del gobierno francés, a quien correspondería su jurisdicción, ni las cartas náuticas, basadas en mediciones de profundidades.

Pero resulta que esta “no isla desdescubierta”, todo un juego de palabras según los titulares de los periódicos, de apreciable tamaño (24x5 kms.), aparece en Google Earth, aunque eso sí, emborronada de negro como si por allí se hubiera paseado el Photoshop para borrarla del mapa, y nunca mejor dicho. Será para curarse en salud, supongo. “El mundo es un sitio en continuo cambio, y seguir el ritmo de estos cambios es una tarea que nunca acaba”, dijo un portavoz de Google Earth, con lo cual ya nos quedamos más tranquilos.

O no tan tranquilos, así que empezando a dudar de la credibilidad del Google Earth, me fui hasta otra de estas islas de quita y pon, la de Bouvet. Si desapareció de los mapas del Almirantazgo durante 75 años, buscada en vano por tres expediciones, como dice Judith, tal vez le tocaba de nuevo. Pero no, ahí estaba donde tenía que estar y sin borrones, limpia y clara. Una masa de hielo de 49 km2 a 54º de latitud sur pero anexionada por Noruega en 1920. Además, con varias fotografías de Panoramio. En fin, una lástima, las cosas ya no son lo que eran.

Siguiendo con las islas deshabitadas, a Fangataufa (en las Tuamotu, Polinesia francesa), no le falta motivos para estar desierta: en 1968 explosionaron allí los franceses su primera bomba de hidrógeno. No queda nada, ni casas, ni árboles, A decir verdad, algunos árboles aparecen en el extremo occidental, pero pocos.

Howland, en el centro del Pacífico, a 1.640 kms. de Samoa, la tierra más cercana, es actualmente un refugio para la vida salvaje. Es tan pequeña que una simple nube es suficiente para hacerla desaparecer de la vista. No es extraño que en sus cercanías se perdiera Amelia Earhart en 1937, la primera mujer aviadora que cruzó en solitario el Atlántico, cuando intentaba circunnavegar la Tierra por el Ecuador. Falta de combustible, un barco la esperaba en la isla para el aprovisionamiento, pero desapareció para siempre en el cielo. Desde el aire no parece especialmente acogedora. En el mapa del libro, el faro de la isla lleva el nombre de la aviadora. Una foto de Panoramio de 1965 nos lo muestra: es pequeño, destartalado y tal vez ya no orienta a navegantes, que ya ni deben acercarse por allí. Hacen bien, no sea que se repita la historia.

Pagan, la antigua San Ignacio, forma parte de las Marianas, descubiertas por la expedición de Magallanes-Elcano en 1521 y evangelizada (que no descubierta, como indica la autora) por el jesuita Luis de Sanvitores en 1669. Evacuada en 1981 a causa de una erupción volcánica, poco queda de lo humano a juzgar por las fotos, salvo restos de aviones japoneses de la segunda guerra mundial, o sea poco y malo.

Pero no hace falta ir tan lejos para encontrar islas deshabitadas. Por ejemplo, Saint Kilda, a 60 kms. al oeste de las Hébridas. La supervivencia en ella era tan difícil que sus habitantes fueron evacuados en 1876, si bien algunos se quedaron hasta 1930. Judith nos cuenta que los niños allí nacidos morían a los pocos años. Las fotos nos muestran casas abandonadas, cementerios y campanas que ya nadie tañe.

Imagen de JordiMiro

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