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El paraíso es una isla, por lo tanto es el infierno (1)

La frase no es mía, es de Judith Schalansky, la autora del  “Atlas of Remote Islands” (Penguin Books, 2010). Pero lo que más me ha llamado la atención es su subtítulo: “Fifty Islands I have never set foot on and never will” Pues ya somos dos, pensé al momento, en un alarde de realismo, que no de pesimismo. Y no por falta de ganas, sino de tiempo y sobre todo porque muchas de ellas se encuentran lejos de los circuitos turísticos o comerciales, o son lugares estratégicos y base de instalaciones militares o de comunicación, de difícil o prohibido acceso.


La soledad, esta “douce copine”, que casi siempre ha sido mi compañera inseparable de viaje y de fatigas, la he imaginado plasmada en forma de isla. Y como para salir de las tentaciones, lo mejor es caer en ellas, para huir de la soledad lo mejor es ir a buscarla, y dónde mejor que en las islas, me pregunto y de ahí mi interés por ellas.


El libro es sencillamente delicioso, rezuma un toque femenino en el diseño (la autora es diseñadora gráfica) así como en el dibujo de los mapas de las islas que nos va describiendo, en su mayoría una historia de la isla, que no su historia. Historias que muchas de ellas, lo reconozco, me eran desconocidas. Judith es joven, nacida en 1980 en la ex Alemania oriental y devoradora de mapas desde pequeña. Así, tal como dice en el prólogo, ha ido aprendiendo que los mapas son cambiantes, como cuando de niña su país de repente desapareció del mapa para formar parte de una única Alemania.


También nos indica la distancia más cercana al continente y a las islas más próximas y la isla más isla, esto es, la más aislada del continente, como es bien sabido, es la de Pascua, que dista 3.690 kms. de Chile. Pero bien cerca de ella está la de Amsterdam, a 3.370 kms. de Australia. Por cierto, que los antiguos pascuenses la llamaban “Te Pito Te Henua”, el ombligo del mundo. Y es que eso de creernos los reyes del mambo es universal.


Llama la atención que muchas de ellas fueron descubiertas (y perdidas posteriormente, como es natural) por navegantes portugueses y españoles, aunque otras, como la Rudolf, en el Artico ruso, no lo fue hasta 1874, durante la expedición Austro-húngara al Polo Norte.


Islas, las hay de muchos tipos, como las de quita y pon, tipo Bouvier, las de románticos desengañados, de pintores y artistas descontentos con el mundo y con ellos mismos, como las de la Polinesia, las de buscadores de paraísos perdidos y del buen salvaje y de huída del mundo “civilizado”, como Fatu Hiva, Floreana y otras tantas del Pacífico. Incluso hay las que han cambiado de nombre, como la de Juan Fernández.


Pero yo prefiero las que aparecen y desaparecen del mapa según los designios de algunos, como las del Servicio Hidrográfico del Almirantazgo británico, el gran borrador de islas, tema tan querido por nuestro coleccionista de islas Jaume Bartrolí, y al que remito al lector interesado a sus artículos del “Cuaderno de Viajes” de la revista “Altair”. Así, la de Crespo, al norte de las Marshall, aparece en la edición de 1893 del “Andrees Allgemeiner Handatlas”, mientras que ya ha desaparecido en mi edición de 1921. Por el contrario, la cercana isla de Ganges no existe todavía en la de 1893 pero está en la de 1921 y sobrevivió hasta 1941, tal como nos cuenta Bartrolí, cuando el Almirantazgo decidió borrarla del mapa. Tema que daría mucho que hablar y que soñar, pero que dejaremos para otra ocasión. 


Los tiempos cambian, y si los locos seguidores del dedo de Conrad buscábamos tierras incógnitas en los atlas, hoy el inefable Google Earth es una eficaz herramienta para recorrer islas perdidas. Y si además añadimos a estos viajes virtuales las fotos de Panoramio, pues qué más se puede pedir. No es lo mismo, ya lo sé, ni tan romántico, pero es muy práctico. Y sin salir de casa.


Así, montado en la tecnología cibernética, he ido recorriendo las islas que Judith no visitará (y yo tampoco, para qué nos vamos a engañar). Me interesan especialmente las que, según la autora, están deshabitadas o casi, como Rudolf Island (por razones obvias, a 81º de latitud norte), Saint Kilda, Bouvet, Howland, Fangataufa, Pagan, Decepción (como no iba a estarlo, con este nombre) o la de Cocos, aunque como es bien sabido, Spielberg la pobló de dinosaurios y allí siguen.

Imagen de JordiMiro

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