El triángulo Ixil: La armonía recuperada

Han sido durante los últimos años cuando el turismo ha empezado a desarrollarse tímidamente en la región más al norte del Quiché, en la búsqueda desenfrenada de nuevos destinos en Guatemala. Al igual que los antropólogos del siglo XIX, el visitante aventurero busca lo realmente exótico, es decir, los lugares que conserven la autenticidad de sus culturas y sus tradiciones. Actualmente no son pocos los viajeros que al llegar a lugares de postal como La Antigua o el Lago Atitlán, se sorprenden del volumen del turismo y la consecuente transformación de lugar. Quizás la esencia del paisaje se mantiene pero ahora el contacto verbal con la población local se basa principalmente en un regateo de precios, en la solicitud de información o en el contrato de algún servicio. A lo que se añade la todavía inseguridad en la zona, generando desconfianza a salir de lo "turísticamente" conocido.

Plaza de Nebaj
Plaza de Nebaj

 

La región de Ixil, en cambio, todavía ofrece intensas sensaciones para quien las quiera vivir. En un país que se destaca por la templanza de sus temperaturas, la primera sorpresa con las que se encuentra el viajero es el frío de las montañas. Pero las verdaderas maravillas son la armonía y la hermosura de sus paisaje. En la noche, los ixiles se retiran a sus casas a descansar para la jornada siguiente, entonces el silencio y la oscuridad se hacen dueñas de las calles.

Caminos de comunicación entre las comunidades de Ixil
Caminos de comunicación entre las comunidades de Ixil

 

Llegar a Ixil no es todavía muy frecuente entre quienes viajan a Guatemala. Se trata de un triángulo compuesto por tres pueblos de considerable tamaño que son Nebaj, Chajul y San Juan Cotzal, rodeados de numerosísimas aldeas conectadas por polvorientos caminos de tierra. De todos ellos, el más importante es Nebaj, y situado más al sur que los restantes es el centro de comunicaciones con la mayor parte de las ciudades del Quiché. Desde allí se puede viajar en camioneta o en uno de los coloridos buses escolares norteamericanos como los que recorren todo el país. Recientemente algunas agencias turísticas ofrecen la posibilidad de llegar en lanzaderas (minibuses o camionetas con, aparentemente, más comodidades) siempre que exista la demanda y a un precio considerablemente más alto.

Iglesia de Nebaj
Iglesia de Nebaj

 

Frente a la carretera de serpentina que conduce a Nebaj desde el cruce de Sacapulas, una pequeña población a límite sur de la región Ixil, se impone el brillo verde de los bosques y los prados de la alta cordillera de los Cuchumutanes. La bajada al valle no es menos sorprendente. Nebaj, al fondo, permanece rodeado de altas montañas que esconden una de las historias más trágicas de Guatemala y de las que el viajero no podrá escapar durante su estancia. Así veremos no hay lugar en el país que mejor represente el título de la novela de Dante Liano, "Guatemala: Paraíso y horror". Ya en la entrada del pueblo, el visitante cruza miradas con el ex dictador Efraín Ríos Montt (1982-83) retratado en una enorme pancarta publicitaria del Frente Revolucionario Guatemalteco (FRG), el partido que lidera. Cabe recordar que durante los años que controló el país Ríos Montt, se cometieron las más graves violaciones a los derechos humanos del país, con un saldo de más de ciento cincuenta mil asesinatos a manos de agentes y colaboradores del Estado. Los índices de represión en el Ixil estuvieron entre los más altos de Guatemala tal como demuestra el Informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico publicado en 1999. Si los ixiles representan menos del 1% de la población del país, las víctimas mortales durante la represión llegaron al 11% del total. Curiosamente, el FRG es hoy uno de los partidos más votados en la zona.

En la región de Nebaj viven unas 60.000 personas, muchas de cuales se concentraron durante los años del conflicto armado huyendo de la violencia de las comunidades rurales vecinas. Los ixiles permanecieron entre dos fuegos, la guerrilla y el ejército. De ese modo, los optaron por quedarse cultivando sus parcelas en el monte fueron perseguidos por colaborar con la guerrilla, mientras quienes bajaron a los poblados fueron acusados de estar con el Ejército. De ese modo, al llegar a Nebaj se pueden observar que muchas de las construcciones son el fruto de la improvisación y la rapidez con la que fueron construidas durante la guerra.

Plaza de Nebaj
Plaza de Nebaj

 

El pueblo de Nebaj no ofrece en sí grandes atracciones a los turistas. La belleza está en el paisaje que lo rodea. En su plaza majestuosa se impone una blanca iglesia colonial fundada por los dominicos, y frente a la cual se desarrollan la mayoría de las actividades sociales, religiosas y políticas de la población. Desde la escalinata de la iglesia se puede observar una panorámica de toda la plaza y sus alrededores donde llama la atención el ajetreo de sus habitantes vestidos con sus coloridos trajes tradicionales que transitan camino al mercado. Desde la misma plaza, caminando dos kilómetros al noreste, se encuentran dos bellas cascadas que alcanzan su máximo caudal durante el periodo de lluvias, entre los meses de abril a noviembre, cuando también una constante neblina suele cubrir el valle.

Sin embargo, llama la atención que la oferta hotelera es reducida en Nebaj. Los hoteles, en su mayoría bastante básicos, se puede contar con los dedos de las manos. Posiblemente sea este el factor por el cual las tarifas sean algo más altas que en otros lugares del país, lo que contrasta con el precio de los restaurantes y otros productos, que generalmente son más baratos.

Igualmente, son escasos los restaurantes acondicionados para recibir el naciente turismo, y por ello que la mayoría de los viajeros se concentran en "El Descanso", un lugar creado para dar empleo a los jóvenes del lugar y a precios más que accesibles. El mismo edificio está compartido por una academia que ofrece cursos de español y de Ixil, y por una de las dos únicas agencias que ofrecen recorridos por las montañas de los alrededores, también gestionada por los propios ixiles. Sus guías conocen la zona y su historia mejor que nadie, y aunque su vocabulario en castellano es limitado, narran mejor que nadie lo que allí ha sucedido. Muchos de ellos sufrieron la guerra en primera persona y las vivencias que narran mientras se recorren los hermosos valles y montañas estremecen al visitante.

Los ixiles se comunican entre ellos en su propia lengua y únicamente utilizan el castellano con los forasteros que llegan a la población. Cuando se cruzan por los senderos de Nebaj siempre se saludan en su propio idioma con una despedida, de manera que encontrarse con el turista el saludo se hace en castellano con un "adiós".

Vista de Acul
Vista de Acul 

 

Las aldeas cercanas más visitadas son Acul y Cocop, ambas enclavadas en dos valles hermosos pero a una altura cercanas a los 2000 metros. La caminata, que cruza densos bosques y plantaciones de maíz, dura unas 2 horas a pie desde Nebaj. Hay quienes prefieren hacerla en caballo o bicicleta, si el terreno lo permite. La transparencia de los riachuelos que dibujan los valles hipnotiz

an al caminante hasta que decide despertarlo de manera repentina con su pasado. Acul y Cocop, como el resto de las poblaciones la comarca, sufrieron varias masacres. Especialmente duras fueron las del año 1981, dejándolas casi en el abandono. En esos primeros años del conflicto armado, sus habitantes huyeron al exilio, especialmente a México o a la ciudad de Guatemala. Poco después, el ejército las refundó como "polos de desarrollo" con el fin de concentrar a la población esparcida por las cercanías bajo el pretexto de que ofrecían asistencia a la guerrilla. Aun así, el ejército las siguió reprimiendo, y masacrando cuanto quería a su población. En el conmovedor cementerio de Acul se encuentran decenas de improvisadas cruces que sobresalen de un barrizal. Se trata de una fosa común escavada por las propias víctimas que allí están enterradas después de haber sido interrogadas y torturadas en la escuela municipal.

Cementerio de Acul

Cementerio de Acul

 

No obstante, Acul y Cocop quedan en el recuerdo del turista por sus bosques, el sonido de los cauces y los prados donde pastan las vacas. Si no fuera por los colores de la vestimenta de los indígenas y los cultivos de maíz, nos sentiríamos en los Alpes. Los quesos Chancol de la Hacienda San Francisco de Acul son famosos en la región. Sus propietarios los dejan probar a los escasos paseantes y, tras quedar maravillados por su sabor, los compran por toneladas. Además del reputado queso, ofrecen la posibilidad de pasar la noche contemplando las estrellas que sobresalen entre las montañas que enmarcan el valle. Para los más intrépidos existen recorridos de varios días de duración a través de más montañas y aldeas, siendo las propias familias ixiles del lugar quienes ofrecen el alimento y el alojamiento. La mayor parte de los aventureros deciden finalizar en el pueblo de Todos Santos Cuchumatán, al noroeste de Nebaj y no lejos de la frontera con México.

Hacienda San Francisco de Acul
Hacienda San Francisco de Acul 

 

Además, la región es un epicentro de cooperantes y voluntarios de todo el mundo que consideran este triángulo geográfico como el lugar perfecto para implementar todo tipo de proyectos humanitarios. Entre todos ellos se destaca la ONG española Solidaridad Internacional con su proyecto de desarrollo rural Prodint, donde los ixiles gestionan varios recorridos turísticos en poblaciones cercanas a Nebaj como Cocop, Cotzol, Xeo, Parramos Grande, Chortiz y Xexocom. Una vez más, la idea es hospedarse con una familia local, compartir experiencias y comer los productos que ellos mismos cosechan.

Estudiantes de Acul
Mujeres de Acul

 

Las mujeres ixiles también han aprendido a organizarse, especialmente aquellas que se quedaron solas durante el conflicto tras el asesinato de sus familiares varones. Con el fin de subsistir económicamente, trabajan en distintas tareas laborales, entre las que se destaca la elaboración de tejidos tradicionales destinados al turismo. Su comercialización, gracias a redes de comercio justo, les ofrece unos ingresos de gran valía para subsistir de manera autónoma.

Sobre los otros dos pueblos cercanos a Nebaj hay que destacar a Chajul por su belleza paisajística. Aquí los visitantes se acercan para disfrutar de sus laderas cubiertas de pinos y abetos, de su iglesia del siglo XVI, de la vida del mercado, y muy especialmente de los hermosos y coloridos trajes tradicionales con los que se visten sus habitantes. Lamentablemente, la situación que se vive en Cotzal es todavía complicada. Por las noches, las pandillas compiten por el control del casco urbano, atemorizando a todo aquel que en él atreve a adentrase. En ocasiones incluso llegando a utilizar armas automáticas.

Los ixiles no dudan en conversar con el turista. A diferencia de otros lugares del país, aquí sus habitantes no insisten en vender nada. La curiosidad les lleva a acercarse al visitante para saber como está, qué le parece el lugar o cuánto tiempo se quiere quedar. Con un poco de tiempo le contará sus propias vivencias de la guerra. Quizás sea miembro de alguna de las tantas iglesias evangélicas que se concentran en la zona, y las cuales se multiplican cada día. Sus puertas abiertas permiten ver y escuchar las increíbles historias de vida y de conversión de los devotos ixiles. La relación con los católicos no siempre es la mejor puesto que ambas iglesias compiten por concentrar todas las almas posibles de la región. El alto número conversiones evangélicas que se produce en Guatemala que no es fácil de analizar. Si algunos piensan que su éxito radica en su total rechazo al alcohol y a la violencia doméstica, lo cierto es que la espontaneidad y la sencillez de sus ceremonias, y la cercanía de los pastores con sus feligreses, parecen gustar a su población.

Así los habitantes del Ixil se recuperan con rapidez de una historia trágica. La mejora de las comunicaciones y el exceso de turistas de los otros destinos nacionales, promueven cada día más a la región como un lugar ideal para buscar la paz y la autenticidad deseada por los más aventureros. La huella del pasado es todavía visible pero también la armonía y la hermosura que el paisaje envuelve, que junto a su gente, serán éstos los recuerdos que harán soñar a sus visitantes.

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