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Largas tardes

Ampelio estaba sentado frente a la ventana mirando al cielo y a la nube gris que se acercaba. Siempre, a la misma hora, sacaba sus manos de los bolsillos y concentrándose tiraba de la silla de ruedas para llegar al gran ventanal. Allí pasaba la tarde, observando cómo las nubes se movían de un lado a otro, cómo caía la lluvia, o cómo transformaba los colores del campo la luz del sol.

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