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Habana convaleciente

Durante el desayuno Isabel me ha confirmado que a Fidel le ha dado un yuyu de la hostia. Parece que está chungo. Me ha asegurado que pase lo que pase la situación está bajo control y que no tiene que haber ningún problema. Me da a mí que va a ser fidelista, mi anfitriona.

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Perdido en La Habana

Con las botas bien calzadas y un buen desayuno entre pecho y espalda, cortesía de Isabel previo pago de 3€, me dispongo a realizar uno de los recorridos que salen en la guía, en concreto el de Centro Habana.

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Veo, veo

Hay en Kagoshima un volcán que amenaza con cargarse la ciudad. De vez en cuando, como para recordar que puede hacerlo en cualquier momento y que en cualquier momento lo hará, lanza una lluvia de cenizas que cubre el lugar por completo. El volcán, malcarado, casi nunca enseña su cara y se oculta tras una nube para que no se sepa si observa o está despistado.

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La última voluntad

Hay momentos en la vida que distinguen a los hombres de los niños. Momentos en que uno tiene que hacer lo que tiene que hacer. Y ante tan crucial evento, a vida o muerte, decidí regalarme un día de relax como última voluntad, por si acaso.

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Haciendo el monje

Mi vida de monje.

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Dos manzanas

Después de regalarme dos manzanas, el viejo se dedicó a decirle a todos los pasajeros del ferry que yo era de Barcelona. Me contó que hace veinticinco años había trabajado en los muelles de Cádiz y Canarias. Me preguntó que qué tal me iba por Japón, que qué era lo que más me había gustado. Y después me regaló dos manzanas.

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