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El amor no tenía rostro

--Hoy ha pasado el ultimo tren, y lo he vuelto ha dejar escapar.

 

--Hoy ha vuelto ha amanecer en mi universo. En la estación crepuscular.

 

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Sólo con ella

“Lo voy a hacer, mi vida no tiene sentido, compraré el billete y adiós a todo, ya volveré, ya”. Estos pensamientos chocaban entre sí dentro de mi cabeza, dirección a la estación de trenes. Un tímido rugido de mis tripas me detuvo, será mejor sopesarlo con un buen filete delante. Levanté la vista y divisé un restaurante con un dibujo de un tren en las cristaleras, sólo podía ser una señal.

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El paso a nivel

La fragilidad de los hombres no podía compararse con la fuerza de sus sueños. Al menos una vez a la semana, su padre, ante las insistencias de Juan, lo llevaba a un paso a nivel donde, antes de la llegada de algún tren, las barreras comenzaban a bajarse con un ruido de alarma y el tintineo de las luces. Era el preámbulo del espectáculo.

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Reencuentro

Todos los días desde que empezó mi nueva vida son iguales, llego del trabajo, abro el buzón, recojo la publicidad y sin mirarla la tiro a la papelera. Luego me estirazo unos minutos en el sofá y tras unos instantes de paz vuelvo a la rutina, me calzo las zapatillas y salgo a correr por la ciudad.

El concurso

¡Estaba tan contento con el premio! ¡Un InterRail Global Pass de primera clase para viajar en tren en el verano! Y todo por mandar un relato que malcopié de un colega bien incauto que se dedica a estas sandeces. Me refiero a la escritura. Allá él.

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Largas tardes

Ampelio estaba sentado frente a la ventana mirando al cielo y a la nube gris que se acercaba. Siempre, a la misma hora, sacaba sus manos de los bolsillos y concentrándose tiraba de la silla de ruedas para llegar al gran ventanal. Allí pasaba la tarde, observando cómo las nubes se movían de un lado a otro, cómo caía la lluvia, o cómo transformaba los colores del campo la luz del sol.

Deja que te ayude

Si, este viejo tren que funciona con locomotora es el que tengo que coger. Es un día caluroso, de esos que tu piel chorrea como si se tratara de una cascada. Y, claro esta que esta maquina dispuesta a marchar entre vías, no va a tener sistema de ventilación.
Subo las escaleras para entrar en el vagón numero 3. Mi asiento es el 14, al lado de la ventana, que para mi sorpresa ¡no tiene cristales! Lo único que puedo pensar es que va a estar aireado, cosa que no parece poco.

No es como se empieza.....

 Su ilusión había sido siempre viajar por toda Europa en tren. Quería comprar un InterRail. Mi intención no era quitarle la ilusión pero simplemente tenía 5 días para poder hacer un viaje con ella. Después de ese viaje me marchaba a Inglaterra el resto del verano. A los dos nos gustaba París. Al no poder hacer el InterRail su única condición era que teníamos que ir en tren. ¡Maldita Nerea, con lo que me gustaba el autobús!.   ¡Cualquiera le ganaba a cabezota!.

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Una última mirada al andén

Era una preciosa tarde de primavera, Blanca vestía ligera, pantalón corto, camiseta de tirantes roja, como sus uñas y chanclas negras. A su espalda una mochila con lo indispensable, un par de mudas, utensilios de aseo, toda la documentación y su ipod. Blanca había decidido hacer el gran viaje de su vida, sin lastres, dejando atrás todo aquello que la pesaba; su ajetreada vida de metro, atascos, exigencias y tumulto.

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Un viaje Corto

Todas las mañanas la misma faena. Levantarse y prepararse rápidamente para coger el tren, no se podía quedar dormida, estaba a punto de terminar la carrera y después de tantos años de ir y venir, subir y bajar, ahora ya casi, casi, lo tenía en la mano.

No le había dado nunca pereza, desde que sus padres decidieron irse a vivir de Barcelona a un pueblo cercano, ella había tenido que acostumbrarse a coger el tren todos los días para ir a estudiar hasta la capital catalana.