BARES Y CAFÉS: TESTIGOS Y PROTAGONISTAS DE LA VIDA EN BUENOS AIRES

Siempre hay un buen motivo -o excusa- para sentarse en un café en Buenos Aires.

Buenos Aires no sería Buenos Aires sin sus bares y cafés. Éstos forman parte indisoluble de su paisaje, de su vida cotidiana, de su identidad...Y no son meramente un edificio o un escenario: son eso más todo lo que allí ocurre, los personajes, las historias, las costumbres, los gestos, las conversaciones, las sonrisas -y también las lágrimas que a veces se derraman en un diálogo a corazón abierto-...Las "especialidades de la casa", los camareros, los periódicos que circulan de mesa en mesa...

Si uno realiza un breve recorrido por la ciudad, se va a encontrar con una amplia variedad de estos lugares, de acuerdo a su ubicación, a su estilo, al horario, el día de la semana o el público que lo frecuenta.

Por otra parte, si uno se instala en uno de ellos, o lo visita en diferentes momentos del día, puede hacer un catálogo muy nutrido de situaciones: Aquí, contra la ventana, una pareja que dialoga en voz baja, de tanto en tanto se entrelazan las manos, una sonrisa cómplice...En esta otra mesa, un hombre solo toma su café mientras lee el preriódico...Más allá hay cuatro que conversan animadamente acerca de su futuro emprendimiento...Mientras tanto, una muchacha y un joven estudian en silencio interrumpiendo de vez en cuando su lectura para comentar o preguntarse algo acerca de su tema...Otros, hicieron un alto en el camino de su trabajo, de su paseo, de sus compras para descansar o simplemente para hacer tiempo hasta su próxima actividad...(También son muchísimos los ejemplos de escritores y artistas en general que han pergeñado sus obras en la mesa de algún café de barrio)...

Los habitués ya se reconocen entre sí, se saludan y pueden mantener un diálogo sobre los últimos acontecimientos políticos, futboleros, de la última catástrofe mundial o de mujeres...Los camareros también suelen tener su participación y con algunos parroquianos un pequeño gesto es el código de su pedido o simplemente "¿le traigo lo de siempre?"...

Estas escenas se repiten en distintos bares y en distintos momentos del día. Pero también es llamativo otro fenómento: algunos bares funcionan como "prolongaciones" o anexos de ciertos ejes convocantes en determinadas zonas: En los alrededores de los centros de estudios, los bares acogen a profesones y estudiantes que leen, estudian, practican solos o en grupos; tal vez se intercambien bibliografía y las paredes están tapizadas de avisos. En las zonas aledañas a hospitales o centros de salud, pululan los profesionales como así también los allegados de quienes están siendo atendidos. Los sábados y domingos por la tarde, en las cercanías de los cines y teatros para niños, familias enteras ocupan los bares así como también resulta sencillo reconocer a aquellos padres divorciados que aprovechan el fin de semana para pasear con sus hijos...(a veces se los ve disfrutar, otras se los ve "padecer")...Seguramente esos mismos bares, por la noche, recibirán a jóvenes y adultos antes o después de la función de un espectáculo.

Y están los bares que tienen su impronta personal que los distingue, como aquellos que conviven con una librería..., o donde es la cita obligada de los filatelistas, o donde se generan verdaderos torneos de ajedrez, billar, dominó..., o donde un piano desgrana melodías que envuelven esas citas tácitas o explícitas de los solos o acompañados en nuestra gran ciudad.

Desde muy temprano a la mañana, hasta muy tarde por la noche (¡y hasta algunos que no duermen!) los bares y cafés siguen formando parte indisoluble del intenso palpitar de Buenos Aires...siguen siendo ese espacio intermedio entre lo público y lo privado que cobija -sin asfixiar- a quienes lo frecuentan.

 

 

Imagen de mLelia

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