La Ruta de la Seda (IX): Los poetas

         Desde Changán hasta Bizancio, ciudades de leyenda jalonan la Ruta de la Seda. Cada nombre es en si mismo un poema, un ensueño, un deseo de partir.

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No podemos huir de nosotros mismos

         Hay viajes que son la búsqueda de uno mismo y otros la huida de uno mismo. Los primeros pueden llevarnos a buen puerto. Los segundos, están siempre condenados al fracaso. Hace dos mil años los filósofos chinos ya habían viajado lo suficiente dentro del alma humana para saberlo muy bien. "El viaje que es una huida de uno mismo no llegará nunca a su fin", escribió Tch'e-Song-Tseu.

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L'arc de Sant Martí de la lluna plena

          Un vaixell atrotinat en porta pels Mars del Sud cap a l’illa que més estimo. Em sento navegant i poeta, feliç i afortunat. És l’última nit abans d’arribar a Rapa.

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El poeta de la Martinica

Durante decenios los nietos de esclavos de la Martinica aprendían en la escuela aquello de “nos âncetres les gaulois”. La negrura de la piel era considerada como un castigo que había que sobrellevar con resinación. Las mujeres se untaban la cabeza con potingues para alisar los cabellos rizados y se compraban ungüentos blanqueadores de la piel en el mercado.

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Bajo el influjo de Ítaca

Ítaca, la isla de Odiseo, el más humano de los héroes griegos, que no vaciló en descender hasta las mismas puertas del Averno. Ítaca, el entrañable poema de Konstandinos Kavafis, que representa esa pasión de querer ir siempre más lejos, de querer descubrir que hay detrás de la última colina, al otro lado de las montañas, de no poder vivir sin averiguar que se esconde más allá de la línea del horizonte.

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