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Añoranzas tras un retorno del Edén (II): Camino de las islas

          Cada mañana y cada anochecer, las caravanas de coches ahogan las autovías y carreteras que llevan a Papeete. La capital de Tahití tiene 20.000 habitantes, pero se calcula que otras 50.000 personas acuden cada mañana a trabajar o comprar.

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Añoranzas tras un retorno del Edén (I): Tahití

         ¿Qué es lo que más se recuerda tras volver de los Mares del Sur? ¿La limpieza y brillantez de la luz? ¿La eterna juventud de los paisajes edénicos? ¿Las noches de olor a copra navegando bajo las estrellas? ¿Quizás la sonrisa inocente de la gente? ¿O los azules imposibles de las lagunas de coral?

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Viaje al mito de Samoa (y IV): Deseos de huída

          Samoa es una teocracia feudal: una sociedad jerarquizada rodeada de tabúes y castigos corporales donde los matai, jefes de tribu, tienen siempre la última palabra, y en donde el hijo pequeño no puede abrir la boca delante del padre o del hermano mayor. No hay democracia. Los 12.000 matai hacen la ley en las aldeas, en donde el chismorreo y el peso de la "opinión pública" son asfixiantes.

 

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Viaje al mito de Samoa (III): Cara y cruz del paraíso

          Si vais a Samoa quedareis, de entrada, deslumbrados. Efectivamente, se parece al Paraíso. Reúne juntos todos los estereotipos de nuestra imagen del Edén. Con el tiempo iréis aprendiendo como la visión de la vida los samoanos difiere de la nuestra. 

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Viaje al mito de Samoa (II): Cascadas en la selva

         Lo cierto es que el viajero que llega a Samoa cree encontrarse con el mito de los felices Mares del Sur hecho realidad. Apia, la capital, es un pueblo grande de arquitectura colonial, con casas aporchadas de madera pintadas de colores vivos.

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Viaje al mito de Samoa (I): ¿El paraíso feliz?

       Hace unos años estaba de moda en las universidades españolas el libro Adolescencia, sexo y cultura en Samoa, de la antropóloga norteamericana Margaret Mead, que allá por los años veinte, había pasado 9 meses estudiando el comportamiento de las adolescentes de la isla de Tau, en la Samoa Americana.

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El viajero en la isla

         Cuando sentimos el impulso de huir lejos del mundanal ruido pensamos automáticamente en una isla. Cuando soñamos en el Paraíso aquí en la Tierra lo imaginamos también dotado de una inevitable insularidad: alejado, aislado, incontaminado, al que solo es posible acceder después de un largo peregrinaje por mar...

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La Isla (y III): La felicidad en la Isla

Muchos europeos una vez en la isla han descubierto una enfermedad inimaginable: la felicidad... el aburrimiento de la felicidad cotidiana. No todos, claro, pero... ¡tantos! La culpa no es de la isla. El mal lo llevamos con nosotros. Crecidos en el mundo occidental, soñamos con huir a la isla-paraíso para, una vez alcanzada, añorar lo que dejamos atrás, con lo bueno y con lo malo.

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La Isla (II) : El mito de la Polinesia

Entre los mitos europeos de islas-paraíso que se niegan a perecer sobresale el de la Polinesia. En el siglo XVIII se creyó encontrar en los archipiélagos aislados de los Mares del Sur los restos de una humanidad perdida, gentes que vivían todavía en un estadio de inocencia anterior a la "civilización", en el que algunos aspectos de la vida humana podían haber alcanzado niveles superiores a los conocidos entonces: era el mito del buen salvaje de Jean-Jacques Rousseau y de libros como Nueva Visita a Tahiti de William Hogdes. Por eso el navegante Louis-Antoine de Boungainville llamó Nueva Citerea (la patria de Venus, Diosa del Amor) a Tahití.

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La Isla (I) : El vértigo por las islas

"Si quedara aunque fuera una sola isla, partiríamos sin llevarnos nada, te llevaría ahora mismo. Pero...

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