Samoa antes del maremoto (y IX): Una colonia americana

          A poco menos de una noche de navegación, Pago Pago es más moderna que Apia, pero no más grande. Apia es capital de la Samoa independiente. Y Pago Pago, capital de la Samoa Americana, una de las últimas colonias que aún tienen los Estados Unidos. Pago Pago no deja de ser una larga avenida que bordea las sinuosidades de la rada, al pie de las empinadas montañas verde, en cuyos márgenes se suceden casas, tiendas y jardines.

Imagen de jBartroli

Samoa antes del maremoto (VIII): El duro peso de la fe

 

        En Samoa, el peso de las iglesias es a menudo difícil de llevar. La costumbre del diezmo es una carga a la economía familiar. Los protestantes exigen el pago del 30 % de los ingresos de sus fieles, los católicos algo menos. No es extraño que los adventistas y mormones hagan tantos adeptos: no exigen diezmos, pero en cambio imponen una moral rígida hasta límites insoportables prohibiendo a sus fieles, bailar, beber alcohol o comer cerdo.

Imagen de jBartroli

Samoa antes del maremoto (VII): La otra cara del Edén

         Dicen que las estadísticas no engañan. Y en este caso son contundentes: la tasa de suicidios entre hombres jóvenes samoanos de 18 a 24 años es la más elevada del mundo: 94'8 %, diez veces más que en Holanda. Y la mitad se deben a reprimendas familiares.

Imagen de jBartroli

Samoa antes del maremoto (VI) ¿Un mundo feliz?

         Corría el año 1925 cuando una joven antropóloga norteamericana, Margaret Mead, se instaló durante nueve meses en la isla de Ta'u, en el pequeño archipiélago de Manu'a de la Samoa Americana, para estudiar el comportamiento de un grupo de jovencitas polinesias. El resultado, publicado en el libro Adolescencia, sexo y cultura en Samoa, actualizaba el mito de los Mares del Sur, e impactó a varias generaciones de universitarios.

Imagen de jBartroli
Clasificado en:

Samoa antes del maremoto (V): La vida en la aldea

         Lalomalava parecía una aldea feliz. Desde muy temprano todo el mundo partía a sus tareas y los niños al colegio, y los pocos que se quedaban por las casas también parecían muy ocupados. Al mediodía, cuando el sol ciega los ojos y es una losa de fuego sobre los cuerpos y las mentes, quien podía hacía la siesta. Por la tarde llegaba la hora de ocio.

Imagen de jBartroli
Clasificado en:

Samoa antes del maremoto (IV): Una casa sin paredes

          Mi familia habitaba un gran fale de forma ovalada. Se levantaba encima de un paepae o plataforma construida con piedras basálticas. Un doble anillo de postes de madera aguantaba la estructura del techo, hecha con pequeñas piezas de madera del árbol del pan atadas con fibra de sennit, y curvada para resistir la fuerza del huracán. Encima estaba sujeta la techumbre, una barda de hojas de caña de azúcar, que provee de frescor contra el calor de los rayos tropicales del sol.

Imagen de jBartroli

Samoa antes del maremoto (II): Una aldea cerca del mar

          Desde hace mucho los samoanos han escogido vivir cerca del mar. El litoral es más plano y fértil, y en los tramos protegidos por arrecifes madrepóricos, las aguas turquesas de las lagunas de coral proveen de un sinfín de peces, crustáceos y moluscos.

Imagen de jBartroli
Clasificado en:

Samoa antes del maremoto (I): El país de la sonrisa permanente

          Un terremoto primero y el tsunami después han azotado las costas de las islas de Samoa. La muerte y desolación se ha abatido sobre sus gentes, habitantes de un paraíso que no lo es tanto en un mundo global donde la economía es mucho más complicada que la simple tarea de pescar, cazar y cultivar para comer. Samoa, edén de nuestros sueños del mismo modo que el edén soñado por los samoanos es Sidney, Los Ángeles o Honolulu.

Imagen de jBartroli

R. L. Stevenson: Un poeta en los Mares del Sur (y VIII): Una tumba en el trópico

         Para todos, para los viajeros que buscan, Robert Louis Stevenson escribirá en Vailima, su hogar, el poema A cuantos aman lo azul y lejano:

         "...aunque largo el camino, y duros sean

Imagen de jBartroli

R. L. Stevenson: Un poeta en los Mares del Sur (VII): Un hogar en la Polinesia

         "Vivo ahora en el hogar, contento,

         y ahora divido mi indolente vida

         entre mi mujer y mis versos:

Imagen de jBartroli
Distribuir contenido Suscribirse a Islas