Tonga, feudalismo en los Mares del Sur (III): Canibales amistosos

         El famoso capitán James Cook arribó en 1777 a la isla de Lifuka, y él y sus hombres fueron recibidos con tal despliegue de manjares y danzarinas, que decidió rebautizar el archipiélago de las Tonga con el nombre de Islas de los Amigos. En realidad, fue un increíble malentendido intercultural.

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Tonga, feudalismo en los Mares del Sur (II): La música en el cuerpo

         Tongatuapu es la isla mayor y allí está la capital, Nuku'alofa. En realidad solo es un pueblo grande con todo lo que una capital necesita para ser tal: el palacio del rey -una mansión victoriana con barandas y porches, de madera pintada de blanco-, la sede de un banco central, un cuartel de policía, una catedral, un puñado de ministerios, tres embajadas, siete consulados, un hotel internacional... El resto, una cuadrícula de calle entre verde tropical y casas aquí y allá.

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Tonga, feudalismo en los Mares del Sur (I): Islas de otro siglo

         Las islas Tonga fueron el primer país en entrar en el tercer milenio. Sin embargo, los tonganos todavía viven en el milenio pasado y en hace un siglo... o hasta dos. Quizás para suerte suya.

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Todavía hay islas que parecen paraísos (VIII): La Bahía de las Vergas

          Los días pasaron, todos nuevos, diferentes, completos. El barco nos llevó hasta Fatu Hiva, la isla más verde de todas, y allí caminamos entre los pueblos de Omoa y Hanavave, subiendo por las tierras altas. Disfrutamos así de panorámicas sobre la cordillera volcánica tapada por un manto verde de malaquita y sobre calas azules metidas entre acantilados y selvas.

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Todavía hay islas que parecen paraísos (VI): Ruinas misteriosas en la selva

          De bahía en bahía, el barco nos lleva por las islas Marquesas. En varios lugares desembaramos a tierra y visitamos ruinas de antiguos santuarios dedicados a dioses paganos. Admiramos bajo un aguacero tropical los tikis de piedra del mea'e de Tahua Oiponamea, que con sus dos metros y medio son los más grandes de la Polinesia después de los de la isla de Pascua.

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Todavía hay islas que parecen paraísos (V): En barco por las Marquesas

         Dije adiós a mis amigos de Taiohae y me embarqué en el Aranui, el barco mixto de carga y pasaje que, además, es el único que pasea turistas por las Marquesas. Durante unos días recorrí todas las islas, bajando en cada aldea. Aquí y allá nos recibían con danzas y cantos tradicionales a cargo de los jóvenes: sensuales y provocativas las mucháchas, y enérgicos y violentos como guerreros ellos.

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Todavía hay islas que parecen paraísos (IV): Dulce pájaro de juventud

         La cerveza y el paka son el remedio de la juventud de las islas Marquesas a todo lo que echan en falta: discotecas, cines, tiendas, dinero. Y es un remedio al que muchos acuden con demasía, hasta el punto de hacerles olvidar lo bueno que les rodea: una libertad e independencia que a los jóvenes europeos parecería un sueño, el sexo sin complejos, las escapadas de las cabalgatas por la naturaleza salvaje, el surf sobre las olas, la pesca, un clima caluroso sin excesos...

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Todavía hay islas que parecen paraísos (III): Noches de fiesta

         Aquella noche en Taiohae bebimos muchos litros juntos, en la mesa de uno de los chiringuitos del festival. Las latas se compraban por paquetes de media docena. Ahora me levanto y las compro yo, ahora te levantas y las compras tu... aunque era fácil descubrir, también, algunos escaqueos. Normal, después de tantos días de ininterrumpido festejo: los bolsillos iban muy flacos.

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Todavía hay islas que parecen paraísos (II): El ritmo de las islas

         Una geografía torturada cubierta de un manto verde brillante y espeso apareció de repente ante mis ojos mientras me deslizaba a gran velocidad en helicóptero sobre los picos volcánicos de Nuku Hiva, entre los estrechos valles, dentro las gargantas cortadas a pico y encima los bosques de las tierras altas.

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Todavía hay islas que parecen paraísos (I): Las islas Marquesas

El turismo se extiende imparable por los Mares del Sur, llega cada vez a islas más remotas y en una tras otra transforma la vida de las gentes más ancladas en el pasado -en algunos aspectos para bien y en otros para mal-. Pero aún quedan islas y archipiélagos en los que el influjo del turismo apenas si se hace sentir, como las islas Marquesas, que te esperan a tres horas y media de avión o a cuatro días de barco de Tahití. 

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