La Martinica, joya delas Antillas (4): Selvas y volcanes

La isla de la Martinica es mucho más que playas de arenas blancas y cocoteros: montañas empinadas cubiertas de verde lujuriante, volcanes en la niebla, selvas antidiluvianas, cascadas colas de caballo, acantilados feroces, caletas escondidas, minúsculos poblados de pescadores... Es suficientemente grande para albergar todo ello, y suficientemente pequeña para recorrerla en coche, vespa o bicicleta: 1.100 km2, solo 80 Km. de largo por apenas 15 de ancho.

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La Martinica, joya de las Antillas (2): El orgullo de la negritud

Un pasado de ancestros arrancados de forma violenta y trasplantados como esclavos a una tierra extraña no se olvida fácilmente. Marca por generaciones. En la isla de la Martinica, la esclavitud fue abolida definitivamente el 1848. Pero los esclavos liberados continuaron viviendo en lo más bajo del escalafón colonial. La lucha por los derechos continuó, con periódicas insurrecciones.

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Rapa, la vida en el paraíso (y IV)

        Durante mi última estancia en la isla de Rapa asistí a una boda en la que los invitados de honor eran los cuatros hijos de la pareja: dos niñitas y un niñito que estaban preciosos con su vestido endomingado y un bebé- Y es que el matrimonio es algo que llega muy tarde cuando ya no queda otro remedio, para legalizar las parejas que ya duran tanto que no se van a romper.  El sexo es lo más natural del mundo, algo que se lleva sin complejos pero si con una sor

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Rapa, la vida en el paraíso (III)

            La primera vez que estuve en la isla de Rapa coincidió con la guerra de Bosnia. Los servios mataron dos cascos azules franceses y secuestraron otros 200. Y como los rapas hacen el servicio militar francés, resultó que en aquel momento había cuatro rapas voluntarios como cascos azules en Bosnia. Durante unos días se vivió con el temor de que alguno de ellos estuviera entre los secuestrados. Pero el mundo es muy, muy pequeño.

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Rapa, la vida en el paraíso (II)

  ¿Qué que tiene la isla de Rapa de extraordinario? Algo tan simple como que allí la vida es otra cosa. Otra filosofía. Se trata simplemente de vivir el día a día con la máxima intensidad pero sin sofisticaciones, al ritmo de la naturaleza. Sin preocupaciones. Sin pensar en el futuro. Sin más obligaciones que las que uno mismo se marca.

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Rapa: la vida en el paraíso (1)

 Ha sido el descubrimiento de mi vida, la isla soñada. Imaginaos una isla pequeña y muy verde, habitada por gentes morenas, fuertes y sanas, de sonrisa perenne y alegría a flor de piel. Una isla donde los días transcurren felices y sin prisas, entre pescas submarina o con anzuelo, cacerías de toros o de cabras en las montañas, exploraciones de ruinas de piedra olvidadas en las crestas volcánicas, y el alegre parloteo con uno y con otro sin más motivo que la broma y la risa.

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Dias de libertad en el Caribe (y VIII): Las noches en la isla

         Si visitáis la islita de Caye Caulker en verano, casi cada noche veréis brillar relámpagos en el horizonte. A esa hora estaréis muy posiblemente sentados en alguno de los estaurantes que hay al sur del pueblo, con las sillas y mesas sobre la arena fría. Hay langostas asadas. Hay ponches y batidos de fruta. Hay la música que calienta el alma.

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Días de libertad en el Caribe (IV): La isla del pirata Barbanegra

          Piratas pasaron muchos por estas aguas caribeñas de la costa de Belice, y el más famoso de todos fue el temido Barbanegra. Contaban que había pactado con el mismo diablo. Para aterrorizar a sus victimas, durante el combate se colgaba mechas encendidas de su espesa barba.

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Días de libertad en el Caribe (III): Mares de piratas

            Estáis sentados ferente al azul turquesa del Caribe, junto a vuestra cabaña, en la islita de Caye Caulker, Belice. Ahora seguís extasiados el vuelo sin aleteo de una fregata. Plumaje negro, una bolsa de un vivo color rojo en el cuello: es un macho. Planea en apariencia inmóvil, pues con ligeras flexiones de los músculos mueve las plumas de las alas y es capaz de aprovechar las corrientes del viento para flotar –más que volar- sin fin. ¡Astuta ladrona! Espera.

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Días de libertad en el Caribe (I) Caye Caulker, Belice, islas

     Imaginad un grupo de cabañas de madera en la arena, entre cocoteros y flores de hibisco, con la brisa marina refrescando el calor del trópico. Delante, una playita, dos niños morenos jugando sin palabras a la sombra de una palmera, un pontón de madera a modo de embarcadero… No es una playita limpia, ni las aguas son de aguamarina azul: el fondo está cubierto por una espesura de algas. Por eso el mar es verde jade, como el jade de estas tierras mayas.

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