La piedra caída del cielo (I)

          Las altas mezquitas de Estambul iluminan de noche las aguas del Bósforo que separan Europa de Asia. Estambul, Constantinopla, Bizancio: encrucijada de rutas, una ciudad que nació para unir Occidente y Oriente, para superar este estrecho que ahora la refleja como un espejo.

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Pescadaderías al pie del Bósforo, en Estambul

Pescadaderías al pie del Bósforo, en Estambul
Descripción: 

         Sardinas y anchoas del mar de Mármara, en las paradas de pescado al pie del puente de Gálata, en Beyoglu, junto al Cuerno de Oro. Cuando pasa el otoño, del Mar Negro llegan los fríos y las sardinas, que pasan veloces por el Bósforo hacia las más cálidas aguas del Egeo. Y no solo ellas. Cuentan las crónicas de otros siglos que por esa época, antaño, la superficie del agua brillaba de plata del lomo de los bonitos. Tan extensas y apretadas eran las manadas que lo cruzaban. Y afirman que las mujeres, desde sus casas a ras de agua, no tenían más que tirar al agua cestos de mimbre desde las ventanas para izarlos llenos de pescado.

La Ruta de la Seda (XIII): Lo que perdura y permanece

          Frente a las ruinas, lo que perdura: los bazares vivos. Los hay que nunca perdieron su esplendor y que en estos tiempos nuevos aumentan los negocios.

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El arte de preparar un buen café

El arte de preparar un buen café
Descripción: 

Calentado sobre las cenizas grises de un brasero haste hervir, el agua, el polvo de café bien molido y el azúcar, todo junto en el cevze, un pequeño potecito de cobre con asita. Ese es el secreto de un buen café turco. Así lo preparan en los cafetines que se instalan en las callejuelas laterales a la calle peatonal de Istiqlal, la arteria más vital de Estambul. De uno en uno. El türk kahvesi, como se le llama para diferenciarlo del kahve o café de máquina, se toma a gusto del cliente sin azúcar o sade, un poco endulzado u orta, o muy dulce, sekerli.  Y quien lo disfrute acompañado de una amiga turca, quizás escuche después, según las formas que deje el espeso poso volcado de golpe sobre el plato, lo que le depara su buenaventura.   

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Cafés de Estambul en otoño

Cafés de Estambul en otoño
Descripción: 

Humos de café, vapores de té, brumas de tabaco, bajo las parras de los cafetines al aire libre en la callejuela de Gazeteci Erol Dernek Sokagi, paralela a Istiqlal. Calor humano para las tardes frescas de otoño. El sol ya baja, el dia está cansado. Se cansan rápido los dias de noviembre. Pero en los cafés de Estambul, la vida no duerme.

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En Estambul, bajo cada parra un café

En Estambul, bajo cada parra un café
Descripción: 

En Estambul, bajo cada parra hay un café. O casi. Y mis preferidos están bajo las parras que crecen entre el asfalto en el callejón de Gazeteci Erol Dernek Sokagi, paralelo a la calle Istiqlal, en Beyoglu.

Me gusta como los rayos del sol se tamizan entre las hojas de la vid y el humo de los cigarrillos, me gusta la tranquilidad pueblerina de sus mesas y sillas en medio del corazón ajetreado de la megaciudad, me gusta porque la gente siempre tiene tiempo para una charla o una partida de "tavla". Te sientas, pidés un café turco o un té, y miras la vida pasar.

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¿Café o té?

¿Café o té?
Descripción: 

En Turquía hay Kahvalhane, cafeterías tradicionales donde se bebía el té turco espeso y con poso y antes no se permitía la entrada a las mujeres, y Kafes, que son las cafeterías modernas, pero no hay “teterías”.

Quizás sea reflejo del prestigio que el negro zumo caliente del café llegó a tener. Sin embargo, en Estambul se bebe mucho más té que café, e incluso me atrevería decir que más cerveza que café. 

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Tavla y café, pareja inseparable

Tavla y café, pareja inseparable
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Uno de los ruidos característicos de muchos cafés de Estambul es el tableteo de las fichas y los dados de la tavla. Tavla es el nombre turco del internacional backgammon, el juego más antiguo que se conoce. Se remonta al senet egipcio que los faraones jugaban hace cinco mil años a orillas del Nilo mientras se hacían construir sus pirámides. 

Los romanos lo redescubrieron, readaptaron las reglas, lo rebautizaron tabulae y lo popularizaron por el imperio, y hasta el emperador Claudio escribió un libro sobre como jugarlo. Cayó en el olvido cuando los bárbaros acabaron con el Imperio Romano de Occidente, pero en el de Oriente continuaron jugándolo, en Bizancio y en Oriente Medio, donde fue llamado nard y se regía por reglas muy similares a las actuales. Los persas, siempre tan poetas, incluso quisieron darle un significado: doce puntas por lado por los 12 meses del año, 24 hileras en total por las 24 horas del día, 30 fichas una por cada día del mes, el blanco y el negro de las fichas por la noche y el día. 

         Los cruzados redescubrieron el juego y lo llevaron de vuelta a Europa occidental, donde volvió a popularizarse pese a la oposición de la iglesia, que lo consideraba deshonesto y perjudicial. En Turquía siempre ha sido muy popular, pero la prohibición islámica de las apuestas también provocó su persecución. Por eso se juega más a orillas del Bósforo y en el cosmopolita y “canalla” Beyoglu que no en Sultanhamet. Hace décadas, en Estambul se pusieron restricciones a su uso, argumentando las muertes violentas que provocaba. Tantas eran las pasiones que desataba y el dinero que movía. Incluso recientemente la ciudad turística de Alanya lo ha prohibido jugar al aire libre bajo penas de hasta 250 liras de multa.

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Calle Istiqlal, el lugar de todos los encuentros

Calle Istiqlal, el lugar de todos los encuentros
Descripción: 

Un café callejero en un carrerón lateral a la calle Istiqlal, la arteria peatonal que nace en la plaza de Taksim y cruza el barrio de Beyoglu. Istiqlal es el cruce de caminos donde todo Estambul se encuentra y se mezcla. Pobres y ricos. Laicos y religiosos. 

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Un café, un narguile y una charla

Un café, un narguile y una charla
Descripción: 

        Café en el "han de alfombras" de Çorlulu Alipasa Camii ve Medresesi, junto a la mezquitay medersa de Çorlulu Alipasa, en Sultanhamet. Cada café refleja un barrio o una clase social, una corriente cultural, una moda urbana o una inclinación religiosa, una manera de entender la vida, un tiempo o una edad. También una manera de entender y hasta de querer la ciudad. Cada café tiene su alma, el alma de sus parroquianos. Refleja el deseo de una manera de ser ciudad que se desvanece a ritmo veloz en este Estambul trepidante que cambia demasiado rápido para el gusto de sus habitantes. Cada café, a los pocos años de inaugurarse, refleja ya una nostalgia por esa ciudad que se va, que se aleja en el pozo de los recuerdos. Cada café es un trozo de la ciudad amada, o mejor, un instante de la vida de los estambulitas, un pedazo del alma que se quedó atrás. 

 

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