Rapa, la vida en el paraíso (y IV)

        Durante mi última estancia en la isla de Rapa asistí a una boda en la que los invitados de honor eran los cuatros hijos de la pareja: dos niñitas y un niñito que estaban preciosos con su vestido endomingado y un bebé- Y es que el matrimonio es algo que llega muy tarde cuando ya no queda otro remedio, para legalizar las parejas que ya duran tanto que no se van a romper.  El sexo es lo más natural del mundo, algo que se lleva sin complejos pero si con una sor

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Rapa, la vida en el paraíso (III)

            La primera vez que estuve en la isla de Rapa coincidió con la guerra de Bosnia. Los servios mataron dos cascos azules franceses y secuestraron otros 200. Y como los rapas hacen el servicio militar francés, resultó que en aquel momento había cuatro rapas voluntarios como cascos azules en Bosnia. Durante unos días se vivió con el temor de que alguno de ellos estuviera entre los secuestrados. Pero el mundo es muy, muy pequeño.

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Rapa, la vida en el paraíso (II)

  ¿Qué que tiene la isla de Rapa de extraordinario? Algo tan simple como que allí la vida es otra cosa. Otra filosofía. Se trata simplemente de vivir el día a día con la máxima intensidad pero sin sofisticaciones, al ritmo de la naturaleza. Sin preocupaciones. Sin pensar en el futuro. Sin más obligaciones que las que uno mismo se marca.

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Rapa: la vida en el paraíso (1)

 Ha sido el descubrimiento de mi vida, la isla soñada. Imaginaos una isla pequeña y muy verde, habitada por gentes morenas, fuertes y sanas, de sonrisa perenne y alegría a flor de piel. Una isla donde los días transcurren felices y sin prisas, entre pescas submarina o con anzuelo, cacerías de toros o de cabras en las montañas, exploraciones de ruinas de piedra olvidadas en las crestas volcánicas, y el alegre parloteo con uno y con otro sin más motivo que la broma y la risa.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (y VI) El dulce letargo del trópico

          Hacia al oeste, las islas Cook son otro ejemplo de economía inviable. Las autoridades han apostado por el turismo. Pero Nueva Zelanda, que aún ejerce su protectorado, ha tenido que acudir varias veces en ayuda de las finanzas locales, caídas en la más absoluta bancarrota. Rarotonga, la isla principal, viene a ser para los neozelandeses una especie de Gran Canaria. Las otras islas, demasiado alejadas, viven el letargo tropical, unidas al mundo por el barco que las visita una o dos veces al mes.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (V):

         Si en la capital de las islas Tonga el día parece discurrir a cámara lenta, en el resto del archipiélago la vida todavía escribe un curso más pausado. Las Ha'apai son un rosario de islitas coralinas bajas, barras de arena blanca cubiertas de cocoteros y arbustos, poco fértiles. En total, 12.000 habitantes.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (IV): Tonga, feudalismo bajo los cocoteros

         Tonga es un país de ensueño. También es un reino feudal. La sociedad está estrictamente jerarquizada: arriba de todo los nobles, abajo, el pueblo llano. Partidos políticos y sindicatos están prohibidos. Los ministros son nombrados entre la nobleza. Desde su palacio emblanquinado junto a la playa -una gran casona de madera estilo victoriano- el rey reprime moderadamente el descontento. Los tonganos parecen conformados con la situación.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (III): Samoa, donde la juventud se ahoga

         Las islas Salomón, Vanuatu, Nueva Caledonia, Fiyi... constituyen la Melanesia, del griego melas, negro, y nesia, islas. Es el nombre que le dieron los primeros europeos al ver la piel negra de sus habitantes. Un apelativo artificial, igual que el de Polinesia, de polis, muchas, y nesia, islas.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (II) Pobreza en la Melanesia

         Las islas Salomón son un ejemplo de como las postales paradísiacas de los Mares del Sur pueden ocultar un paisaje de miseria. Sus habitantes melanesios mantienen el estilo de vida tradicional. Pescan, cazan cerdos salvajes con lanzas y perros, cultivan ñame, boniato, taro y tapioca, viven agrupados por clanes en aldeas de cabañas. La tierra es propiedad comunal.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (I): Tierra rica, países pobres

        Los Mares del Sur incitan nuestros sueños con solo escuchar su nombre. Son tres palabras con musicalidad de días felices, que desvelan en nuestra memoria la nostalgia del Paraíso Perdido. Sin embargo, lo que para nosotros es un mito -literario, cinematográfico, turístico- es bien real para la gente que los habitan. Es su pan de cada día. Y, a veces, un pan algo amargo.

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