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El poeta de la Martinica

Durante decenios los nietos de esclavos de la Martinica aprendían en la escuela aquello de “nos âncetres les gaulois”. La negrura de la piel era considerada como un castigo que había que sobrellevar con resinación. Las mujeres se untaban la cabeza con potingues para alisar los cabellos rizados y se compraban ungüentos blanqueadores de la piel en el mercado.

Imagen de jBartroli
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