Diario de un Nómada llega a Bolívia desde el Estrecho de Magallanes

La expedición Diario de un Nómada dirigida por Miquel Silvestre ha llegado a Bolivia desde el Estrecho de Magallanes atravesando Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay, sumando seis mil kilómetros más a los cinco mil que traía desde Santiago de Chile, donde comenzó el viaje el pasado 22 de febrero. De la Pampa al Altiplano pasando por el Chaco, las misiones y las ciudades de Buenos Aires, Colonia Sacramento, Asunción y Potosí. 


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LAS NO ISLAS VIII. ECOSISTEMAS FLOTANTES

En 1910 el artista catalán Santiago Rusiñol viajó por Argentina y de su periplo quedó el relato De Barcelona al Plata. En él cuenta cómo, al remontar el delta del Paraná, su barca debió sortear unas islas flotantes que bajan arrastradas por la corriente. Unos ecosistemas en los que crecían árboles e, incluso, daban cobijo hasta ciervos.

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Higuera

Iba a lomos de asno por una ladera de los montes de las provincias del norte, cerca de Iruya. Abajo fluía el río por la esplanada de la quebrada, murmurando por entre las piedras. A lo alto volaban inmóviles dos rapaces, posiblemente cóndores. Al fondo de la quebrada, sobre uno de los pliegues de la falda de la montañana divisé un árbol, cosa rara en este paraje árido.

Exterminio en el Fin del Mundo (y II)

        La extinción de las tribus de las islas de Tierra del Fuego fue causada tanto por el contagio de epidemias, como por la caza masiva por los colonos de los mamíferos marinos o los guanacos que eran su alimento principal. Entre los indios canoeros, el cambio de dieta -la ausencia de grasa de los mamíferos marinos- les hizo menos resistentes al medio hostil y a las enfermedades importadas.

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Exterminio en el Fin del Mundo (I)

        La extinción de los indios fueguinos es otra de aquellas páginas negras de la historia, protagonizadas por pueblos aborígenes perfectamente adaptados al medio en que vivían pero incapaces de sobrevivir al brutal impacto del contacto con el hombre blanco.

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Fascinación por Tierra de Fuego (XI): Gauchos fueguinos

         El resto de la isla es una estepa entre las montañas y el mar por donde pacen las ovejas y cabalgan los gauchos. Protegida por las sierras del sur, que frenan los vientos antárticos, el clima es más bien templado. Unas pocas familias de ganaderos -Nogueira, Menéndez, Braun- se repartieron estas tierras a fines del siglo XIX, llamaron a pastores escoceses y aniquilaron los indios fueguinos que, faltos de guanacos, cazaban las ovejas.

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Fascinación por Tierra del Fuego (X): Soledades atlánticas en el extremo de los extremos

         Del Lago Fagnano hacia el norte solo hay estepa, haciendas y ovejas. Y la otra ciudad de la Tierra del Fuego argentina: Río Grande. Fundada el 1894 a orillas del Atlántico, a merced del viento, sus cielos son clarísimos y las nubes, largas y desgajadas. No es extraño que tenga un cierto aspecto desolado y vacío: la ciudad se desparramada sobre el plano según el modelo norteamericano, con una cuadrícula perfecta, pero es una población a medio hacer.

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De Colombia a Panamá en un buque de carga boliviano

Qué horror! Una cucaracha voladora!!!!

A veces ocurren milagros difíciles de explicar. Sorpresas, hechos inesperados, deseos convertidos en una página sucia o brillante de nuestra historia.

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Fascinación por Tierra del Fuego (VIII): El lago encendido

      El verano parece acabado y Tierra del Fuego se prepara para el largo invierno. Pronto los bosques de lenga y ñire comenzarán a pardear. Será el breve triunfo de la púrpura. De momento, los hayedos verdes y umbríos cubren aún los márgenes de la carretera cuando, tras salir de Ushuaia, y tras un breve costeo de la bahía, subo la sierra enfilando el río Olivia.

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Fascinación por Tierra del Fuego (VII): Las hayas y los pájaros

         Ushuaia solo sería la ciudad más extrema del mundo sino fuera porque está una isla de leyendas y no tuviera a sus puertas el Parque Nacional de Tierra del Fuego. Las lluvias continuas en las laderas meridionales del archipiélago alimentan densos bosques de hayas antárticas, de hoja caduca o perenne. Durante unos días, me empapo de bosque negro y refresco los pulmones con aire bueno. El tiempo está en ese punto de frío y desasosiego que produce placer al cuerpo.

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