El color de Turquía

 

Hacía un calor sofocante. Las contraventanas de la habitación estaban ajustadas y no pasaba ni una pizca de aire entre las rendijas. Tumbada en la cama y con un vaso de té helado, miraba cómo giraban lentamente las aspas del ventilador que colgaba del techo. Mientras estaba inmersa en mis pensamientos, la puerta se abrió de golpe.

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Divrigi, la mesquita Ulu Cami i l’hospital mental Darussifa.

Camino sota l’entramat de fulles i carrolls de raïm d’unes parres centenàries. A banda i banda regalimen flors de temporada per entre els barrots de les balconades. Dones amb gel·laba remenen la verdura de les parades del carrer i un aroma a pà recent fet envaeix aquest matí assossegat de Divrigi.

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Delicias Turcas

El primer contacto que tuve con Turquía fue de muy pequeño a través de la lectura de un libro que poco tiene de turco: Las Crónicas de Narnia. Ambientado en un mundo helado donde siempre es invierno pero nunca Navidad, en uno de los primeros capítulos aparece una Bruja de las nieves que se gana la confianza de uno de los niños protagonistas mediante una reconfortante merienda de toque oriental.

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