Crónica del terremoto de Chile (y 5) : El descanso

Después de un rato de conversar en círculos por fin entendí lo que sucedía. Gustavo y Mari no querían que nos fuéramos. En esos tres días tan intensos, los más intensos de nuestras vidas, el cariño se había ido acumulando de forma acelerada, en esos tres días ya nos conocíamos de toda la vida, ya nos queríamos de toda la vida.

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Crónica del terremoto de Chile (4) : La huida

El carabinero que nos atendió estaba exhausto. Su cara revelaba que había estado trabajando más horas de las que un cuerpo cualquiera puede tolerar, y aún seguía. Nos aseguró que las carreteras de salida de Pichilemu ya estaban transitables aunque había que tener cuidado ya que habían algunas grietas y desprendimientos que entorpecían el paso. Así pues, el plan seguía adelante.

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Crónica del terremoto de Chile (3) : La resaca

La radio informaba de que en la parte afectada por la ola se estaban produciendo saqueos. Las mercancías de la feria de artesanía y del supermercado habían quedado expuestas a la codicia de los que ya sólo tienen de eso, que estaban dando rienda suelta a su rapacidad.

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Crónica del terremoto de Chile (2) : La ola

Con la mirada perdida, la fuga hacia el cerro desfilaba por la ventanilla. En el coche sólo se oían los rezos de Gustavo y Mari. Rezaban por ellos, por nosotros, por todos. Esa susurrada salmodia que quebraba el silencio y rogaba por sobrevivir, lejos de tranquilizar inquietaba aún más. Acentuaba la sensación de que en la huida de la ola nos estábamos jugando la piel. Una ola que ni siquiera sabíamos si iba a llegar. Nadie quería estar allí para comprobarlo.

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Crónica del terremoto de Chile (1) : El temblor

Aferrados a los marcos de las puertas sin entender muy bien qué pasaba, sin saber muy bien si eso era lo que había que hacer, intentábamos mantener el equilibrio mientras el suelo se movía a su antojo. Yo me encontraba anestesiado, como si todo aquello no fuera conmigo, como si sucediera en un mundo paralelo, diferente. Contemplaba la escena con los sentidos ausentes y la mente en blanco, espectador atónito de algo que no se sabe muy bien si es real. Mònica, en cambio, estaba aterrada.

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