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Entre vinos y ribeiras, Oporto

El Duero guarda un respetuoso silencio al cruzar Oporto. Ni siquiera la simbiosis perfecta cuando sus aguas dulce se mezclan con las del salado Atlántico, proporcionan el más mínimo estruendo.  Es el tributo a una ciudad, que permanece en silencio, en un triste y melancólico silencio, que tan sólo las barcas que cruzan sus aguas repletas de turistas consiguen alterar.

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