Sobrevivir al ruido

Los que somos muy sensibles al ruido deberíamos haber nacido en sociedades árticas. Paisajes de tundra regidos por silencios rotos tan sólo por el tímido lamento de un solitario pajarillo o el crujir de un témpano con la llegada del deshielo. Pero no, vivimos en aglomeraciones urbanas que generan bulla “sin orden ni concierto”. Lo llamamos ruido y, últimamente, contaminación acústica.

Imagen de dFernandez-Castro
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