Diario de un Nómada llega a Bolívia desde el Estrecho de Magallanes

La expedición Diario de un Nómada dirigida por Miquel Silvestre ha llegado a Bolivia desde el Estrecho de Magallanes atravesando Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay, sumando seis mil kilómetros más a los cinco mil que traía desde Santiago de Chile, donde comenzó el viaje el pasado 22 de febrero. De la Pampa al Altiplano pasando por el Chaco, las misiones y las ciudades de Buenos Aires, Colonia Sacramento, Asunción y Potosí. 


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Miquel Silvestre llega a California, último estado de la Old Spanish Trail

El escritor Miquel Silvestre afronta la última etapa de su recorrido invernal por Estados Unidos siguiendo el Viejo Camino Español, itinerario histórico que cruza el país de un océano a otro a lo largo de ocho estados y más de cuatro mil kilómetros y que está homologado como ruta de interés cultural por el National Park Service de USA. 


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La otra Ruta 66: La Old Spanish Trail o el viaje de las 7 preguntas

La iconografía motorizada estadounidense ha construido la leyenda de la Ruta 66, carretera abierta en 1926 que conectaba Chicago con Santa Mónica a lo largo de 3940 kilómetros. La vía sirvió para llevar inmigrantes al oeste durante la Gran Depresión y se hizo famosa gracias a un blues de finales de los cuarenta y a una serie de televisión en los sesenta. Había nacido el mito de la recta interminable.

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En Barra de Navidad

En Barra de Navidad

Los Mares del Sur, la vida en el mito (y VI) El dulce letargo del trópico

          Hacia al oeste, las islas Cook son otro ejemplo de economía inviable. Las autoridades han apostado por el turismo. Pero Nueva Zelanda, que aún ejerce su protectorado, ha tenido que acudir varias veces en ayuda de las finanzas locales, caídas en la más absoluta bancarrota. Rarotonga, la isla principal, viene a ser para los neozelandeses una especie de Gran Canaria. Las otras islas, demasiado alejadas, viven el letargo tropical, unidas al mundo por el barco que las visita una o dos veces al mes.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (V):

         Si en la capital de las islas Tonga el día parece discurrir a cámara lenta, en el resto del archipiélago la vida todavía escribe un curso más pausado. Las Ha'apai son un rosario de islitas coralinas bajas, barras de arena blanca cubiertas de cocoteros y arbustos, poco fértiles. En total, 12.000 habitantes.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (IV): Tonga, feudalismo bajo los cocoteros

         Tonga es un país de ensueño. También es un reino feudal. La sociedad está estrictamente jerarquizada: arriba de todo los nobles, abajo, el pueblo llano. Partidos políticos y sindicatos están prohibidos. Los ministros son nombrados entre la nobleza. Desde su palacio emblanquinado junto a la playa -una gran casona de madera estilo victoriano- el rey reprime moderadamente el descontento. Los tonganos parecen conformados con la situación.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (III): Samoa, donde la juventud se ahoga

         Las islas Salomón, Vanuatu, Nueva Caledonia, Fiyi... constituyen la Melanesia, del griego melas, negro, y nesia, islas. Es el nombre que le dieron los primeros europeos al ver la piel negra de sus habitantes. Un apelativo artificial, igual que el de Polinesia, de polis, muchas, y nesia, islas.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (II) Pobreza en la Melanesia

         Las islas Salomón son un ejemplo de como las postales paradísiacas de los Mares del Sur pueden ocultar un paisaje de miseria. Sus habitantes melanesios mantienen el estilo de vida tradicional. Pescan, cazan cerdos salvajes con lanzas y perros, cultivan ñame, boniato, taro y tapioca, viven agrupados por clanes en aldeas de cabañas. La tierra es propiedad comunal.

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Los Mares del Sur, la vida en el mito (I): Tierra rica, países pobres

        Los Mares del Sur incitan nuestros sueños con solo escuchar su nombre. Son tres palabras con musicalidad de días felices, que desvelan en nuestra memoria la nostalgia del Paraíso Perdido. Sin embargo, lo que para nosotros es un mito -literario, cinematográfico, turístico- es bien real para la gente que los habitan. Es su pan de cada día. Y, a veces, un pan algo amargo.

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