Cópula habanera en un ataúd

 La llegada de Sarah Bernhardt en pleno apogeo de su fama al puerto de La Habana paralizó la ciudad a finales de 1887. “¿Quién es Sarah? –se preguntaba Rubén Darío-. No sabremos decirlo. La palabra no existe. Sarah es lo que impele, lo que arrastra, lo que aborrece, lo que adora, lo que llora y lo que ríe…”.

 

Imagen de jMoreta
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