Todavía hay islas que parecen paraísos (VIII): La Bahía de las Vergas

          Los días pasaron, todos nuevos, diferentes, completos. El barco nos llevó hasta Fatu Hiva, la isla más verde de todas, y allí caminamos entre los pueblos de Omoa y Hanavave, subiendo por las tierras altas. Disfrutamos así de panorámicas sobre la cordillera volcánica tapada por un manto verde de malaquita y sobre calas azules metidas entre acantilados y selvas.

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Todavía hay islas que parecen paraísos (VI): Ruinas misteriosas en la selva

          De bahía en bahía, el barco nos lleva por las islas Marquesas. En varios lugares desembaramos a tierra y visitamos ruinas de antiguos santuarios dedicados a dioses paganos. Admiramos bajo un aguacero tropical los tikis de piedra del mea'e de Tahua Oiponamea, que con sus dos metros y medio son los más grandes de la Polinesia después de los de la isla de Pascua.

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Todavía hay islas que parecen paraísos (V): En barco por las Marquesas

         Dije adiós a mis amigos de Taiohae y me embarqué en el Aranui, el barco mixto de carga y pasaje que, además, es el único que pasea turistas por las Marquesas. Durante unos días recorrí todas las islas, bajando en cada aldea. Aquí y allá nos recibían con danzas y cantos tradicionales a cargo de los jóvenes: sensuales y provocativas las mucháchas, y enérgicos y violentos como guerreros ellos.

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Todavía hay islas que parecen paraísos (IV): Dulce pájaro de juventud

         La cerveza y el paka son el remedio de la juventud de las islas Marquesas a todo lo que echan en falta: discotecas, cines, tiendas, dinero. Y es un remedio al que muchos acuden con demasía, hasta el punto de hacerles olvidar lo bueno que les rodea: una libertad e independencia que a los jóvenes europeos parecería un sueño, el sexo sin complejos, las escapadas de las cabalgatas por la naturaleza salvaje, el surf sobre las olas, la pesca, un clima caluroso sin excesos...

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Todavía hay islas que parecen paraísos (III): Noches de fiesta

         Aquella noche en Taiohae bebimos muchos litros juntos, en la mesa de uno de los chiringuitos del festival. Las latas se compraban por paquetes de media docena. Ahora me levanto y las compro yo, ahora te levantas y las compras tu... aunque era fácil descubrir, también, algunos escaqueos. Normal, después de tantos días de ininterrumpido festejo: los bolsillos iban muy flacos.

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Todavía hay islas que parecen paraísos (II): El ritmo de las islas

         Una geografía torturada cubierta de un manto verde brillante y espeso apareció de repente ante mis ojos mientras me deslizaba a gran velocidad en helicóptero sobre los picos volcánicos de Nuku Hiva, entre los estrechos valles, dentro las gargantas cortadas a pico y encima los bosques de las tierras altas.

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Todavía hay islas que parecen paraísos (I): Las islas Marquesas

El turismo se extiende imparable por los Mares del Sur, llega cada vez a islas más remotas y en una tras otra transforma la vida de las gentes más ancladas en el pasado -en algunos aspectos para bien y en otros para mal-. Pero aún quedan islas y archipiélagos en los que el influjo del turismo apenas si se hace sentir, como las islas Marquesas, que te esperan a tres horas y media de avión o a cuatro días de barco de Tahití. 

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R. L. Stevenson: Un poeta en los Mares del Sur (II): Las Islas Marquesas

          Al emprender en 1888 la ruta de los Mares del Sur con su mujer Fanny, su hijastro Lloyd y su madre Maggy, Stevenson se despedía del viejo mundo que dejaba atrás aún antes de saber lo que encontraría en el futuro. Tenía la intuición cuando su goleta El Casco cruzó la Golden Gate, la Puerta Dorada de San Francisco, y escribió el poema Adiós:

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R. L.Stevenson: Un poeta en los Mares del Sur (I): El descubrimiento

         "La goleta giró sobre si misma y el ancla se sumergió. Fue un ruido pequeño, pero un gran acontecimiento; mi alma bajó con estas amarras hasta profundidades de las que ningún cabrestante puede extraerme ni ningún buzo puede subirme a la superficie". Así describe el escritor y poeta escocés Robert Louis Stevenson su primera llegada a una isla de los Mares del Sur.

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Añoranzas tras un retorno del Edén (V): Las salvajes islas Marquesas

         Las islas de la Sociedad, el archipiélago donde está situado Tahití, son las islas más visitadas de la Polinesia Francesa. Pero para quien busca lo lejano y lo nuevo, hay otros archipiélagos que gozan del privilegio -y de las pegas- del aislamiento: una belleza salvaje e intocada, pero dificultades en el transporte y el abastecimiento, lo que para los habitantes significa falta de una economía sostenible y de trabajo.

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