REGALA LIBROS. Son peligrosos, y todavía está bien visto.

Año tras año se repite la misma historia, el mismo show privado, año tras año nos ponemos la misma máscara para agradecer objetos que no necesitamos haciendo uso de la misma efusividad con la que un mono le quita los piojos a otro.

-       Gracias, es justo lo que necesitaba. Me queda bárbaro.

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Los caminos del mar Negro (y X): Hasta donde los valles cambian de nombre

        Por el este, el límite del Imperio Bizantino y el de Trebisonda estaba en Rice. En el camino, muchos puertos pesqueros y aldeas de la montaña todavía hablan griego, aunque recen en la mezquita. Y Çayeli, "la Ciudad del te", es la última población que tiene el turco como lengua materna. Más allá, los habitantes son lazis, que hablan el lazuri, un idioma sud-caucásico emparentado con el georgiano.

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Los caminos del mar Negro (IX): Cantos de amor de muchos siglos atrás

 

          Ünye, a orillas del mar Negro y al oeste de Ordu, reclama el honor de ser la ciudad natal de Yunus Emre, una fama que muchas otras ciudades y pueblos de Turquía disputan. Mencionadle a un turco el nombre de Yunus Emre, y os recitará de memoria una de sus poesías. Quizás ésta:

         "Místico me llaman.

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Los caminos del mar Negro (VIII): El viejo Ponto

 

         Trabzon es parada que merece muchos días. Los cafés bajo los árboles: el de Ortahisar Evleri entre las almenas de las murallas de la Içkale (Fortaleza), los de Kale Park en el castillo del puerto o al lado de las olas, el de los jardines Piknik Alani en la colina de Bozteme desde la cual se contempla toda la ciudad, dan un respiro al ahogo húmedo de agosto.  

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Los caminos del Mar Negro (VII): Monasterios en la niebla

        Sumela, entre los bosques oscuros de cedros y abetos y las manchas claras de alisos y hayas de los Alpes Pónticos, colgada a medio risco dentro de una cóncava del escarpado... Los días en que la neblina corre y enreda sus hilachos entre los árboles espesos y baja desde los picos, el valle adquiere un encanto mágico. La visión del monasterio desde el riachuelo ruidoso es sobrecogedora. La ascensión, por el sendero dentro de la selva alpina, el necesario rito de iniciación al misterio.

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Los caminos del mar Negro (V): Por las olas, hacia el imperio de Trebisonda

         El Mar Negro fue desde muy antiguo un mar griego. Pontos Axeinos, el Mar Inhóspito, lo llamaban en un principio: lo veían lejano y bárbaro debido a las desventuras sufridas por los argonautas. Pero los mercaderes y comerciantes lo navegaron a partir del siglo VIII a.C., y le cambiaron el nombre: Pontos Euxeinos, el Mar Amistosamente Hospitalario.

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Los caminos del mar Negro (IV): Por la costa salvaje

          Bosques de pinos, de robles, de sabinas, de nogales y castaños, de avellanos y de álamos blancos, y también higueras. Y muchos otros árboles desconocidos. Espesuras de zarzamoras y madreselvas trepadoras. En los valles profundos, álamos negros altos como minaretes. Y también hayas. Entre Amasra y Sinop, la carretera bordea un paisaje centroeuropeo, un país mojado y fértil.

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Los caminos del mar Negro (III): Amasra, dulce descanso entre aguas verdes

          El Mar Negro está cerca de Safranbolu, al norte, al otro lado de la alta sierra. La carretera sube la cordillera Kure. Muchos bosques y pocos pueblos, casas viejas de madera. Pinos de montaña, robles y sabinas. A cada recodo, el bosque es más fresco. Nogales poderosos, quizás encinas. Ya llegando a la cresta, abetos y cedros, señoriales, y un sinfín de árboles de follaje lujuriante.

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Los caminos del Mar Negro (II): Safranbolu, reliquia otomana

          El camino hacia el Mar Muerto por las colinas de Anatolia es largo. Los suburbios asiáticos de Estambul cuestan de acabarse. Después, campos de casas prefabricadas y tiendas de campaña: acogen los damnificados de los terremotos del año 1999. Tras años y promesas, ciudades aún a medio hacer bajo las nubes que amenazan lluvia desde la montaña.

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