Rutas del Mundo (III): La Ruta de la Seda

                La Ruta de las Especias sucedió a la Ruta del Incienso y el rlevo llegó por mar. Pronto el Índico estuvo cruzado por rutas marítimas que unían los puertos de Ceilán y la India con los de Persia, Arabia, las costa de Azania o Zanj -el litoral oriental africano-, Etiopía y Egipto. Los romanos amaban los lujos.

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Rutas del mundo (I): El comercio, tan antiguo como la Humanidad

          Las altas mezquitas de Estambul iluminan de noche las aguas del Bósforo que separan Europa de Asia. Estambul, Constantinopla, Bizancio: encrucijada de rutas, una ciudad que nació para unir Occidente y Oriente, para superar este estrecho que ahora la refleja como un espejo. Sentado en la orilla, en la terraza del café al lado del palacio de Dolmabahçe, contemplo unos lapislázulis engarzados con filigranas de plata en pulseras afganas.

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Kashgar, encrucijada de conflictos en la Ruta de la Seda

Kashgar, la puerta china de conexión con Asia Central de la más conocida de las rutas comerciales de la antigüedad -la Ruta de la Seda- se enfrenta hoy a un destino cuando menos incierto. Tras más de dos mil años de historia, esta ciudad de la región autónoma china del Xinjiang ve desaparecer gran parte de su barrio antiguo, con casas de más de 500 años. Los últimos estallidos étnicos en la región autónoma entre ciudadanos de la minoría musulmana uigur y de la etnia mayoritaria en todo el país, los han, contribuyen también a dibujar un turbio horizonte la ciudad oasis.

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La piedra caída del cielo (I)

          Las altas mezquitas de Estambul iluminan de noche las aguas del Bósforo que separan Europa de Asia. Estambul, Constantinopla, Bizancio: encrucijada de rutas, una ciudad que nació para unir Occidente y Oriente, para superar este estrecho que ahora la refleja como un espejo.

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La Ruta de la Seda (XIII): Lo que perdura y permanece

          Frente a las ruinas, lo que perdura: los bazares vivos. Los hay que nunca perdieron su esplendor y que en estos tiempos nuevos aumentan los negocios.

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La Ruta de la Seda (XII): Los danzantes de Dios

         Kashgar. Anoche acabó el ramadán, y esta mañana los fieles van llegando a la mezquita de Id Kah. Tras la oración del mediodía, la muchedumbre se congrega en la plaza del reloj. Sobre el arco del gran portón principal, cuatro figuras. Son músicos: tres timbales y una flauta. Una música suave, rítmica, arrolladora, una melopea que envuelve el alma y te la alza hasta altas cimas.

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La Ruta de la Seda (VII): Amistades y nostalgias

         Al sur de Kashgar hay un parque con césped y sombra de viejos árboles bajo los cuales, en verano, gentes acaloradas duermen la siesta. Allí hay dos casas de té musulmanas. Los hombres se sientan, las piernas cruzadas, encima de pequeñas tarimas, beben la paz y saborean la charla. Casas de té como estas las he visto en Tashkent, en Samarcanda, en Kabul, en Turquía.

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La Ruta de la Seda (VI): Ciudades vivas, ciudades del recuerdo

         Kashgar es quizás el ejemplo mejor conservado del centenar de ciudades que florecen a lo largo de la ruta. Cada una con sus caravanserais para que camellos y mercaderes descansaran, con bazares donde intercambiar productos, con cortesanas para reposar el cuerpo y templos para reposar el alma.

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La Ruta de la Seda (V): Bazares de ayer y de hoy

         Kashgar. Así ha sido y así es. Mercado y descanso en la mitad de la Ruta de la Seda. Oasis placentero que acoge al viajero después de sobrevivir el Taklamakán, el más aterrador de los desiertos, o de superar los altos collados, las ventiscas de hielo y los precipicios del Pamir.

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La Ruta de la Seda (IV): Mercaderes y viajeros, todos pasan por el bazar

       Kashgar. Por este mercado pasan el embajador Zhang Qian en busca de aliados militares y el monje Xuanzang en pos de sabiduría. Aquí fisgonea, compra y vende Marco Polo; su padre Nicolo y su tío Maffeo llevan un mensaje del Papa al Gran Jan.

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