Una vuelta por Islandia (IV): Cómo probar el tiburón podrido... y no vomitar en el intento

Reconozcámoslo. La gastronomía islandesa no es para tirar cohetes. No digo que no haya platos dignos de degustar y disfrutar, pero la variedad es limitada y pasados unos días es difícil no tener que decir eso de que ‘si es martes, hoy toca cordero’. Es cierto que está el skyr, un yogur ligero y saludable, pero después de probar similares productos lácteos en otras latitudes tampoco deja una huella imborrable en el paladar.

Imagen de oLopez-Fonseca
Clasificado en:

En la 'corte' de Merkel (2): El 'calimocho' berlinés y otras diez maneras de estropear una buena cerveza alemana

Lo reconozco. Soy lo que mi padre llamaba un 'catacaldos', alguien que ante un sabor conocido y otro por descubrir se decanta por este segundo sin dudarlo un minuto.Vamos, que nunca digo que no a una nueva experiencia gastronómica... por muy extravagante que pueda sedr. Por ello, cuando llegué a Berlín, una de las primera cosas que me llamó fuertemente la atención fueron las cervezas de 'colores' que servían y cuyos principales consumidores solían ser mujeres. Las había verdes, rojas, rosadas...

Imagen de oLopez-Fonseca

De viaje por 'guayominí' (4): En inglés, colesterol se dice 'breakfast'

Si hay algo realmente típico de la gastronomía británica, ese es, sin lugar a dudas, el contundente desayuno que, en teoría, se meten a diario entre pecho y espalda todos los habitantes de la isla antes de ir a trabajar. A saber: uno o dos huevos fritos, un par de salchichas de carne, dos lonchas de rotundo bacón, una rebanada de pan de molde frito y unas alubias con ketchup. Ahí es nada. La primera vez que lo probé, hace ya bastantes años, llegué a pensar que la palabra inglesa 'breakfast' en realidad significaba colesterol.

Imagen de oLopez-Fonseca
Clasificado en:

Entre vinos y ribeiras, Oporto

El Duero guarda un respetuoso silencio al cruzar Oporto. Ni siquiera la simbiosis perfecta cuando sus aguas dulce se mezclan con las del salado Atlántico, proporcionan el más mínimo estruendo.  Es el tributo a una ciudad, que permanece en silencio, en un triste y melancólico silencio, que tan sólo las barcas que cruzan sus aguas repletas de turistas consiguen alterar.

Una pasión belga

 

Todo belga que se precie adora las patatas fritas y tiene su freiduría favorita donde adquirirlas y donde aderezarlas hasta con 28 tipos de salsas diferentes. La irresistible pasión por las siempre presentes frites es una de las pocas cosas que comparten sin disputas flamencos y francófonos, tan distanciados en la mayoría de las otras cuestiones en este país tan fracturado.

 

Maison Antoine en Bruselas

 

Imagen de eOliveras
Clasificado en:

Rumbo a Cabo Norte (II): ¡¡Marchando una de tapas árticas!!

 

Reno, bacalao, salmón, arenques... cuando a uno le mencionan la gastronomía noruega, irremediablemente piensa en estos animales y empieza a pensar en rotundos platos capaces de dotar al cuerpo de calorías suficientes para resistir el frío.

Imagen de oLopez-Fonseca
Distribuir contenido Suscribirse a Gastronomía