Dias de libertad en el Caribe (y VIII): Las noches en la isla

         Si visitáis la islita de Caye Caulker en verano, casi cada noche veréis brillar relámpagos en el horizonte. A esa hora estaréis muy posiblemente sentados en alguno de los estaurantes que hay al sur del pueblo, con las sillas y mesas sobre la arena fría. Hay langostas asadas. Hay ponches y batidos de fruta. Hay la música que calienta el alma.

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Días de libertad en el Caribe (VII): Indios negros y niños rubios

  Llueve mucho en Punta Gorda, en el sur de Belice. Por eso la selva circundante es la más densa y cerrada, y en las marismas costeras crecen múltiples variedades de mangle y el ciprés de las marismas. Pero si os llegáis hasta allí, conoceréis otra de las comunidades que forman el mosaico beliceño: los gariganos o garífunas. Son el resultado de una mezcla de razas extraordinaria. Sus ancestros fueron los indios caribe de las Pequeñas Antillas.

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Días de libertad en el Caribe (VI): Lagos azules en la selva verde

La costa de Belice es baja y pantanosa, abundan los marjales y los manglares, esos bosques de árboles retorcidos y raíces aéreas que crecen sobre el mar. Dando saltos, el autobús recorre la sabana por la Northern Highway. Amplios pastizales adornados aquí y allá por árboles altos, a cuya sombra se refugian las vacas. Muchas son jorobadas, del tipo de la raza “brahmán”.

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Días de libertad en el Caribe (V): Los árboles que hicieron un país

En Caye Caulker, en Ambergris Caye y en buena parte del norte de Belice, la mayoría de la gente es mestiza y habla español. Sus antepasados llegaron también en busca de libertad y paz: huían de la Guerra de las Castas que ensangrentó el Yucatán mexicano a mediados del siglo XIX. Hoy los mestizos suman el 48 % de la población. Pero Belice es el único país centroamericano que tiene el inglés como lengua oficial.

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Días de libertad en el Caribe (IV): La isla del pirata Barbanegra

          Piratas pasaron muchos por estas aguas caribeñas de la costa de Belice, y el más famoso de todos fue el temido Barbanegra. Contaban que había pactado con el mismo diablo. Para aterrorizar a sus victimas, durante el combate se colgaba mechas encendidas de su espesa barba.

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Días de libertad en el Caribe (III): Mares de piratas

            Estáis sentados ferente al azul turquesa del Caribe, junto a vuestra cabaña, en la islita de Caye Caulker, Belice. Ahora seguís extasiados el vuelo sin aleteo de una fregata. Plumaje negro, una bolsa de un vivo color rojo en el cuello: es un macho. Planea en apariencia inmóvil, pues con ligeras flexiones de los músculos mueve las plumas de las alas y es capaz de aprovechar las corrientes del viento para flotar –más que volar- sin fin. ¡Astuta ladrona! Espera.

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Dias de libertad en el Caribe (II): Remotas aldeas en las montañas

        La libertad. Tal parece ser el sentimiento común que transmite ese mar verdiazul que ahora tenéis ante vuestros ojos, la brisa en las palmas de los cocoteros, el azul perfecto y luminoso del cielo, la selva oscura y cerrada del continente, sus colinas cubiertas de fresca hierba. Los conquistadores hispanos nunca llegaron a controlar el territorio de Belice. Enviaban expediciones militares, incendiaban ciudades y poblados, pero luego los mayas volvían y quemaban las misiones que los franciscanos habían levantado.

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Días de libertad en el Caribe (I) Caye Caulker, Belice, islas

     Imaginad un grupo de cabañas de madera en la arena, entre cocoteros y flores de hibisco, con la brisa marina refrescando el calor del trópico. Delante, una playita, dos niños morenos jugando sin palabras a la sombra de una palmera, un pontón de madera a modo de embarcadero… No es una playita limpia, ni las aguas son de aguamarina azul: el fondo está cubierto por una espesura de algas. Por eso el mar es verde jade, como el jade de estas tierras mayas.

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