Quemar las naves

Todo buen estratega sabe que estando en inferioridad numérica ha de cambiar su “previsibilidad” para salir con vida del campo de batalla. Quizás el revulsivo más extremo sea anular a sus tropas toda vía de escape, bien colocándolas de espaldas a un accidente geográfico (un barranco o un río) o destruyendo sus transportes. Y eso fue lo que hizo Hernán Cortés al llegar a México, aunque no quemara sus naves.

Imagen de dFernandez-Castro
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