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Bajo el influjo de Ítaca
Ítaca, la isla de Odiseo, el más humano de los héroes griegos, que no vaciló en descender hasta las mismas puertas del Averno. Ítaca, el entrañable poema de Konstandinos Kavafis, que representa esa pasión de querer ir siempre más lejos, de querer descubrir que hay detrás de la última colina, al otro lado de las montañas, de no poder vivir sin averiguar que se esconde más allá de la línea del horizonte. Ítaca, el poema que descubrí en la exquisita traducción de Carles Riba en mi tierna juventud, cuando los policías vestían de gris y los ciudadanos teníamos que ser ágiles para poder correr por las calles a una saludable distancia delante de ellos después de intentar hacer oír nuestra voz.
Ítaca habla de nuestras raíces mediterráneas, de una tradición milenaria de intercambios culturales, del libre pensamiento que precedió a la irrupción del fanatismo monoteísta en ambas orillas. Ítaca me evoca el recuerdo de los filósofos helénicos que nos enseñaron a pensar, a no tener miedo de los dioses, ni de los demonios, ni de la misma muerte, porque, como decía Epicuro, “cuando nosotros estamos, la muerte no ha llegado, y cuando la muerte ha llegado, nosotros no estamos”.
Ítaca simboliza mejor que ningún otro poema esa pasión de viajar, de llegar a puertos que antes desconocías, a valles perdidos entre las montañas, a ciudades lejanas o a pequeñas aldeas. Ítaca encarna el hechizo de alcanzar la orilla de un nuevo mar, de contemplar por primera vez un río mítico, de ascender hasta un templo olvidado, de recorrer ruinas milenarias o de coronar la cumbre nevada de una montaña. Ítaca representa el placer de deambular por las calles y los mercados, de sentarse en los cafés, de hablar con la gente, de aprender y disfrutar, de impregnarse de olores y sabores, de sumergirse en el bullicio de la vida.
Nunca he visitado la isla de Ítaca, quizá para seguir el consejo de Kavafis, como si de forma inconsciente quisiera asegurarme de que mi viaje vital sea aún más largo. Pero Ítaca siempre me acompaña a todas partes, desde que quedé fascinado por las aventuras de Odiseo, cuando aún no era más que un niño crecido, que aprendía a vivir de los héroes de la Antigüedad y a quien la tramontana alentaba sus sueños.













Comentarios
kosovo
Me ha gustado mucho tu escrito ,me ha dado una visión clara de lo que esta pasando.Muchas gracias completamente de acuerdo
Kosovo
Muchas gracias. Tu comentario me alienta a seguir escribiendo.
Muy inspirador para aquellos
Muy inspirador para aquellos a los que nos hacen dudar "de lo correcto" de nuestras motivaciones en la vida.
Y si primero se empieza por Ítaca?
Conocía el poema de Kavafis.
Conocía la historia de Odiseas.
Conocía la canción de Lluís Llach.
Pero cometí un error...
Llegué a Ítaca antes de tiempo:lLa curiosidad por descubrir qué se escondia detras del mito de esta isla, añadido a la poca distancia a la que me encontraba de ella, no me dejaron resistir a la tentación.
No fue fácil llegar, lo reconozco...
Un camino lleno de aventuras, lleno de experiencias: autobuses que te abandonan en medio de la nada, paisajes recónditos a los que nunca hubieses ido por tu propio pie, barcos que te dejan en tierra. Una gran odisea para pisar sus tierras.
Y luego, qué..?
Cunado llegas, Ítaca no te decepciona: sus aguas cristalinas, sus gentes hospitalarias, sus pueblos de juguete con sus barquitas...
Pero te vas...
Guardas todas las imágenes de postal. Los clixés de vida de sus gentes. Todos los recuerdos vividos.
La emoción, la sorpresa y la imaginación son los únicos imprescindibles para sobrevivir al paso por Ítaca.
A lo mejor no fue tan grave el error....
A lo mejor un dia volveré...
con más experiencia....
Con más mundo en mi vida...
Y redescubriré Ítaca.
Ítaca siempre estará, el camino será lo que nos haga grandes
Yo lo tengo claro... Ítaca es el final del camino, es el inevitable destino al que todos estamos abocados. Siempre va a estar ahí, siempre será un lugar al que volver, pero su valor, su grandeza, existe en el momento que sales al camino. Ítaca llegará pero hay que alejarse primero de ella, es esencial que el camino sea largo y provechoso,como dice Kavafis, ahí está la clave de su importancia. Y solo volveré allí a quedarme cuando sea viejo, y haya sacado el máximo partido al camino. Así y solo así valoraré la grandeza de Itaca.
Cada uno tiene la suya, todos llegaremos. El camino que recorramos será lo que nos haga grandes.
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